Todas las personas, en algún momento de nuestras vidas, tuvimos contacto alguno con la religión indiferentemente de la postura que tomemos al respecto.
Existen, básicamente, tres formas diferentes de encarar a la religión: están los creyentes, los agnósticos y los ateos.
Dentro del grupo de personas creyentes podemos reconocer dos tipo de personas: los religiosos y los de "fe creacionista". Los religiosos son aquellas personas que creen en una divinidad y además profesan alguna religión: ya sea budismo, catolicismo, judaísmo y cumplen con los determinados rituales característicos de cada una. El hombre de fe creacionista, es aquel que cree en una fuerza superior pero no profesa religión alguna. Suele escucharse decir: "Yo creo en Dios, pero no creo en la Iglesia".
Luego, estamos (y en este grupo hablo en primera persona) los ateos. Los ateos carecemos de fe creacionista. Para nosotros no existe Dios ni ninguna fuerza superior que controle o rija sobre el mundo y/o universo y su creación. La incapacidad probarlo científicamente y de responder a ciertas preguntas como: ¿Qué es Dios?, ¿Quién es Dios?, ¿Dónde está? nos anula la concepción de aquel "primer motor inmóvil" del que hablaba Santo Tomás de Aquino. La fe religiosa (llamémosla así para distinguirla de cualquier otro tipo de fe) es ciega, dogmática y disminuye el grado de apertura mental. Es monopolizadora de pensamiento. Uno es religioso y debe vivir "como Dios manda". Ahí, curiosamente, es donde yo encuentro mayor nivel de hipocresía: la gran excusa del mandato divino o la coexistencia de doctrinas/prácticas sumamente antagónicas: para algunas cosas hacemos lo que la religión nos dice y para otra usamos el sentido común, los que siguen afirmando que ciencia y religión no son opuestas cuando sí lo son, la manera antojadiza y caprichosa con que se hace -mal- uso de la noción del pecado y la lista sigue. Esa es, básicamente, la radical diferencia entre un grupo y el otro. Ahora: ¿Los ateos carecemos de creencias? No, por supuesto que no. Descartamos la posibilidad de la existencia de Dios porque lejos está de ser racional, pero no creer en nada nos haría más irracionales aún. Pero en cada ateo hay una "fe" diferente.
Por último, los agnósticos, siempre fueron considerados como una "posición intermedia". El considerado agnóstico es el que dice: "no sé si Dios existe, no lo puedo saber". Concepto erróneo. La etimología de la palabra "agnóstico" viene del griego: el prefijo "a", que significa sin y "gnosis", conocimiento. Ergo, quiere decir sin conocimiento. El agnóstico ignora. No por mandato divino, por voluntad propia. Evade el compromiso de tomar una decisión, porque, muchas veces la ignorancia brinda esa caja -ficticia- de comodidad, de la que, para algunos, es muy difícil salir.